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Cada vez que una persona reproduce una serie en Netflix, envía un mensaje por WhatsApp o realiza una consulta a un asistente digital, la solicitud viaja a un centro de datos (Data Center) y regresa con una respuesta.
La llamada nube no es algo abstracto ni etéreo: está compuesta por miles de edificios físicos distribuidos por todo el mundo, repletos de servidores, cables, sistemas eléctricos y equipos de refrigeración, funcionando de manera continua.
Desde la perspectiva de las Tecnologías de la Información (TI) y los Sistemas de Información, la nube representa una infraestructura tecnológica externalizada, pero real, concreta y costosa de mantener.
Cada búsqueda, cada transacción y cada archivo almacenado consume electricidad. Un único centro de datos puede utilizar más energía que una pequeña ciudad. Para la administración, esto implica costos operativos elevados, planificación energética y análisis de eficiencia.
Cuanto más lejos se encuentra el centro de datos del usuario, mayor es la latencia (retraso en la respuesta). Desde el punto de vista organizacional, la ubicación de los servidores impacta en la experiencia del cliente, la productividad interna y la calidad del servicio.