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Tema extractado del libro “Análisis Funcional de Sistemas y Tecnologías de la Información” de Aníbal M. Mazza Fraquelli - ISBN 978-987-26981-3-3
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La tokenización de activos reales constituye una aplicación avanzada de las Tecnologías de la Información (TI) en los mercados financieros, al permitir la representación digital de derechos económicos y jurídicos sobre activos físicos o financieros mediante tecnologías de registro distribuido (Distributed Ledger Technologies, Tecnologías de Registro Distribuido). Desde la perspectiva de los sistemas de información, este fenómeno implica un cambio estructural en la forma en que se emiten, registran, transfieren y controlan instrumentos de valor.
En el contexto argentino, el avance regulatorio ha sido significativo; sin embargo, persiste una brecha crítica entre el crecimiento del mercado y la preparación profesional, especialmente en el ámbito legal y en la comprensión integral de los componentes tecnológicos involucrados.
Desde TI, la tokenización de activos del mundo real se apoya en la creación de tokens que funcionan como representaciones digitales de derechos, no como el activo subyacente en sí. Este punto es central: el token no equivale al bien, sino que materializa derechos sobre él. La confusión entre ambos conceptos ha generado fallas operativas y jurídicas en proyectos que no distinguieron adecuadamente entre propiedad del activo y participación en un vehículo que lo administra.
En términos de sistemas de información, la tokenización requiere infraestructuras seguras, auditables e interoperables, capaces de sostener registros inmutables, trazabilidad y ejecución automatizada de condiciones. Aquí aparecen los smart contracts (Contratos Inteligentes), que desde TI son programas informáticos que ejecutan reglas predefinidas, pero que no constituyen contratos jurídicos por sí mismos. El contrato existe en el plano legal; el código automatiza su cumplimiento. Esta distinción es clave para la gestión de riesgos, la interpretación de obligaciones y la resolución de conflictos.
El marco normativo argentino incorporó el principio de neutralidad tecnológica (Technological Neutrality, Neutralidad Tecnológica), según el cual los efectos jurídicos no dependen de la herramienta utilizada, sino de la sustancia económica y jurídica del instrumento. Desde TI, este enfoque facilita la innovación, ya que permite implementar nuevas soluciones tecnológicas sin alterar la lógica del sistema legal, siempre que los derechos y obligaciones se mantengan equivalentes.
No obstante, la implementación práctica expone desafíos relevantes. Los sistemas descentralizados tensionan los modelos tradicionales de control, especialmente en aspectos como identidad digital, reversibilidad de transacciones y cumplimiento normativo automatizado. Requisitos como KYC (Know Your Customer, Conozca a su Cliente) y prevención de lavado de activos deben integrarse en arquitecturas que, por diseño, tienden a la desintermediación.
Desde la administración de sistemas, emerge además una brecha de capacidades profesionales. La validación de que un smart contract refleje correctamente la voluntad de las partes exige una lectura dual, técnica y jurídica. La ausencia de perfiles interdisciplinarios obliga a las organizaciones a optar entre formación interna, tercerización especializada o alianzas estratégicas con actores tecnológicos, cada una con implicancias en costos, control y sostenibilidad del conocimiento.
El crecimiento acelerado del mercado global de tokenización y de soluciones basadas en contratos inteligentes contrasta con la velocidad de adaptación del ecosistema profesional. Desde TI, esto genera una ventana competitiva para las organizaciones que logren integrar regulación, tecnología y talento antes que sus competidores.
La tokenización de activos reales representa una transformación profunda de los sistemas de información financieros, donde la tecnología redefine la emisión, gestión y control de derechos económicos. En Argentina, el marco regulatorio ofrece condiciones favorables, pero su efectividad depende de la capacidad del ecosistema profesional para comprender y gestionar la dimensión tecnológica del fenómeno.
Para los estudiantes de licenciatura en administración, analizar este tema desde TI implica reconocer que el desafío no es solo normativo, sino sistémico: integrar arquitectura tecnológica, automatización, seguridad de la información y gobernanza. La verdadera ventaja competitiva surgirá de cerrar la brecha entre crecimiento del mercado y preparación profesional, alineando tecnología, derecho y gestión organizacional.